La palabra Agaporni tiene origen griego y significa justamente, "pájaro del amor". Según la leyenda, estos pájaros son monogámicos, o sea, eligen una única pareja de la que son inseparables y cuando uno de ellos se muere, el otro no acopla nunca más. Por eso, el Agaporni también es llamado de “inseparable” o “lorito del amor”. La verdad es que la cría de estas aves demuestra que esto no pasa de un cuento y que el cambio de pareja, muchas veces para mejorar el colorido del plumaje o el porte del pájaro, no genera problemas.
El Agaporni es un compañero de bellas tonalidades y reducidas dimensiones, con unos trinos característicos que traen alegría a cualquier hogar. Domesticado puede convertirse en un pájaro de compañía insuperable.
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Todos los Agaporni son originarios del continente africano, excepto una de las especies, la cana, que viene de la Isla de Madagascar. Viven en una vasta región en la costa occidental de Sudáfrica, entre vegetaciones de pequeños árboles abiertos y secos, o en montañas. Según algunos autores, el Agaporni fue descubierto en 1793, sin embargo, su llegada al continente europeo se produce alrededor del año 1860, cuando Hangenbeck trajó para Europa algunas aves de color salvaje verde. Desde entonces, el Agaporni es uno de los periquitos más populares del mundo.
Pertenece a la orden de los Psitaciformes y pueden llegar a desarrollar la capacidad de emitir sonidos por imitación, pero no de hablar tal y como lo harían sus parientes los loros. Entre las especies conocidas, se cuentan el Agaporni roseicollis, nigrigenis, taranta, personata, cana, swinderniana, lilianae, fischeri, e pullaria. La única especie que no es criada por el hombre es el Agaporni swinderniana, que no se adapta al cautiverio. La especia cana es particularmente fiel, y esto se ve ya que el Agaporni suele imitar el comportamiento de su pareja.
Dependiendo de la especie, el Agaporni varia de tamaño entre 14 y 16 centímetros. Es un ave que llama la atención por el llamativo colorido de su plumaje y es fácilmente reconocible por su cola corta y redondeada. Una de las características de su morfología más apreciada es su pico, que posee una grande fuerza. La versatilidad de sus patas hace que los Agaporni puedan utilizarlas indistintamente como pies y como manos, por eso no es de extrañar que las utilicen, además de su pico, para alimentarse y también para andar por la jaula.
No es fácil distinguir los machos de las hembras. Los creadores más experimentados logran hacerlo a partir de los huesos pélvicos, que están más alejados en las hembras, pero este método solo tiene un 30% de eficacia. En algunos casos, la hembra es más grande que el macho. Los Agaporni son muy ruidosos y les gusta tener la atención de todos a su rededor. Aunque no sean habladores como los loros, pueden emitir algunos sonidos humanos y palabras cortas. La muda de plumaje es muy común en esta especie. Las mutaciones son tantas que se hace difícil descubrir a un ave con el plumaje original. Hay más de 40 tipos de coloraciones conocidos.
Son aves enérgicas y activas, que utilizan casi todo el espacio que se les ofrece. A los Agaporni de cautiverio les gusta entretenerse y para esto existen juguetes resistentes a su pico fuerte en las tiendas de animales.
Hay que tener muy presente que se trata de aves exóticas procedentes de las zonas tropicales africanas y, por tanto, acostumbradas a otro tipo de hábitat muy diferente al de una vivienda. No obstante, suelen aceptar sin problemas la cotidianeidad. Además, es preferible que haya pasado un mes y medio desde su nacimiento para que así puedan comer por sí mismos. La jaula debe tener una anchura de 60 centímetros en adelante. Les gusta volar y hacer acrobacias, así, se recomienda que la jaula sea más alta que ancha. Es vital que el alojamiento de nuestro amigo alado se airee y no esté expuesto a malos olores.
El material de la jaula deberá ser metálico, puesto que las maderas son menos higiénicas; y fuerte, para resistir a las picadas poderosas de los Agaporni. No es necesario un calentador pero hay que tener atención a las temperaturas extremas y a los posibles cambios en la misma. Durante el día pondremos la jaula al sol indirecto un rato, mientras que por la noche protegeremos a nuestro Agaporni cubriendo la jaula con una tela que evite las corrientes de aire nocturnas y la visita de mosquitos. La base de la pajarera deberá ser de plantas naturales, como césped o algún tipo de musgo resistente, que además de servir como lugar de reposo, servirá como fuente de materiales para el nido.
La jaula debe tener perchas donde los Agaporni puedan apoyar sus patas, saltar de una a otra. Les gustan las ornamentaciones naturales como plantas y piedras. También le irá bien al Agaporni un pequeño rincón para que pueda asearse a modo de bañera. El bebedero debe contar siempre con agua potable y el comedero con alimento. Para la limpieza se pueden usar cepillos y desinfectantes. Es importante no dejar la jaula al alcance de otras mascotas como perros o gatos.
Deberemos lavar bien la comida y dársela en trozos pequeños para que no se atragante. En cuanto al calcio, se descartan los alimentos lácteos, puesto que un exceso de los mismos puede generar desde la pérdida de las plumas hasta el fallecimiento del Agaporni, por eso recurriremos al hueso de jibia y también a las papillas a base de huevo, que fortalecen notablemente a los Agaporni en su crecimiento. Sobretodo las hembras deben ser alimentadas con estas papillas o con los suplementos indicados durante la gestación.
A los Agaporni les gusta el baño, por eso, las aves criadas en ambientes cerrados deben tener la oportunidad de bañarse regularmente, excepto en los meses de invierno. Si no pueden hacerlo, hay que pulverizarlas con un pulverizador de plantas de jacto ligero. Este cuidado debe tenerse en los meses de verano.
Uno de los problemas que presentan es, a la hora de la reproducción, la diferenciación de sexos, que sólo los expertos logran descubrir. El año de vida es la fecha óptima para pensar en aumentar la familia del Agaporni. Hay que prepararle nidos artificiales con los materiales secos disponibles en las tiendas de animales.
La puesta de la hembra deriva automáticamente en la incubación de los huevos cuyo número puede llegar a alcanzar ocho, a los que la futura mamá dará calor hasta su eclosión tras una media de 25 días. El plumaje con el que nacen los pequeños Agaporni se va perdiendo y el definitivo comienza a dejarse notar a partir de la cuatro primeras semanas de vida. Puede pasar que los progenitores se muestren más agresivos cuando nacen las crías, por lo que se recomienda retirar a las crías de la jaula. También puede pasar que las crías sean rechazadas por sus padres cuando ya son independientes, en estos casos hay que separar la familia.





