Sin duda, uno de los más excéntricos representantes felinos, el Esfinge (o Sphynx) es un gato muy especial. Absolutamente inconfundible, dado que no presenta el tradicional revestimiento de pelo, no es para todos los gustos, pero recompensa su dueño con un temperamento afectuoso y sociable.
Su ausencia de pelo es resultado de una mutación genética natural, vista por primera vez en Canadá, en 1964. Quizás lo más impresionante de este gato no sea su gótica figura sino su elevado precio. La cría del Esfinge está aún en sus comienzos. Tanto en Europa como en Estados Unidos sus criadores son poquísimos. El motivo es su rareza: sólo hay una cincuentena de Esfinge en todo el mundo. Por eso es extremadamente difícil encontrar sujetos, sobre todo porque el gen que determina la ausencia de pelo es recesivo.

