El Pura Sangre Árabe es un caballo extremamente popular, reconocido por su temperamento fogoso y su porte de cisne. Esta raza no es apenas una de las más antiguas, sino la que más ha influenciado el actual aspecto de los équidos. Presente en casi todas las razas, el Árabe es extremamente valorado en perfeccionamiento de castas.
Se cree que esta raza se ha originado en la península Arábica y se ha expandido para el Norte de África. Pero otros estudios indican un anterior aparecimiento de este caballo en el Creciente Fértil. Los Beduínos han sido los principales responsables por el desarrollo de este semental. Apto para suportar el clima agreste del desierto y los peligros de las batallas, el Árabe se convirtió en una raza veloz, resistente y que no teme a nada. A través de las capturas en batallas y del comercio, el Árabe se ha difundido por el África y la Europa. Después de siglos de popularidad que se mantuve a través de imperios y civilizaciones, el Árabe entró en declino con el final del Imperio Turco. Ha sido gracias al creciente interés de creadores europeos que la raza no se extinguió.
Hoy sigue siendo una raza en expansión, creada y apreciada en prácticamente todo el mundo.
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La silueta del Árabe es probablemente la más fácilmente identificable. Tiene una cabeza de gacela, pequeña y refinada, un cuello de cisne largo y curvo, y la grupa es horizontal, terminando en una cola elevada. Sus ojos son grandes, las narinas recortadas y las orejas pequeñas.
Inteligente, paciente, pero sobretodo resistente y corajoso, el Árabe no tolera malos tratos. Necesita un dueño gentil pero firme.
El Pura Sangre Árabe es un caballo versátil, utilizado ya en combates pero premiado también por su belleza. Uno de los más rápidos caballos en estado salvaje, usado en corridas y otros deportes ecuestres, sobretodo relacionados con el salto de obstáculos. Es también utilizado en trabajo agrícola.
Los más comunes pelajes son el alazán y la castaña, aunque puede ser encontrado también en tordillo o negro.

